Noto que mis pulmones van perdiendo todo el aire por la presión que sus manos ejercen sobre mi cuello. Gasto mis últimas respiraciones, los últimos latidos de mi corazón en recordarle. Recuerdo cómo me miró aquella primera vez, recuerdo las caricias, los besos, las risas. Nuestra boda.
Recuerdo cómo sufrí la primera vez que lo vi con otra, la vez que ignoré lo que dolía y le cubrí las espaldas delante de sus demás amantes.
Recuerdo mis noches de llanto suspirando su nombre, la primera mano que me puso encima.
Ahora estoy aquí, mirándole a los ojos, perdiendo mi vida en sus manos.
Y gasto mi último aliento en pedirle a Dios que él sí sea feliz.
:( Qué triste, Irene... Aunque es la cruda realidad...
ResponderEliminarLa verdad es que sí... Y nos ha pasado o nos va a pasar a todos.
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